
Quiero morder tu carne,
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hacia tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí

en toda mi dureza de macho enardecido.
Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones ,
esas piernas donde tu estatura se asienta
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la pasión
blandas y femeninas.
Besar tu piel,
y volver a escalarte
hasta que entres en ti
con la fuerza de la marea
y invadirte con mi entrar y mi salir , mi ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.
Hasta siempre....