
Lo primero que aprendí del Quijote, es que no existe ningún libro que amerite que uno lo lea por obligación ni tampoco para "saber más", sino para esculcar dentro de cada historia y sacar algo que a uno lo haga entender"se" mejor. Como una especie de catarsis, que es como verse reflejado en un espejo y sentirse liberado por ese sentimiento de poder compartirlo con otro.
Lo segundo que me movió el piso de esta obra: la locura. Esa capacidad de El Quijote para verlo todo como él quería me enseñó que muchas veces la gente puede creer que estamos locos y que en el fondo ser visto así habla muy bien de uno. Perseguir un ideal haciéndose el de las gafas y hacer que el mundo parezca lo que uno quiera -que una vulgar mozuela se convierta en una hermosa Dulcinea y que uno ande por la vida en una Bicicleta que haga las veces de Rocinante- es de alguna manera una virtud. La locura es capaz de llevarnos por caminos que nunca imaginamos, es capaz de mantenernos en una batalla perdida que nosotros insistimos en ganar. De eso se trata el valor. En eso precisamente consiste la vida. Y en esa guerra que puede ser vivir, debemos aprender a escoger nuestras batallas. Pero lo más importante es escoger nuestros aliados. El personaje de Sancho Panza es lo que más me impresionó, porque está "pa' las que sea" con su amigo, al que todos tildan de loco. Nada en la vida es más necesario que un buen amigo. Si no fuera por todos los Sancho Panza que han existido en el mundo y que han empujado a sus amigos a perseverar, no habría en él un solo ingenioso Hidalgo.
2 comments:
Del caballero de la triste figura, tano se ha dicho, y tanto falta por decir, que uno más no sobra. Me gustó, porque es principalmente ante la locura de la vida, que el hombre cierra los libros y se da vuelta.
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